Los muertos cabalgan deprisa IX
11. La desaparición de Susan Walsh
En España no tenía conocimiento de la existencia de clubes vampíricos al estilo de los neoyorkinos. Chocante, si tenemos en cuenta los orígenes valencianos de uno de los primeros cazadores de vampiros húngaros, que aparecen en las crónicas: el conde de Cabrera.
Es cierto que en Madrid y otras capitales existen ciertos clubes de corte gótico que supuestamente acogen entre sus parroquianos a vampiros. No obstante los foros vampíricos consideran que la mayoría son "posers" y no vampiros reales (¿?). En mi investigación preliminar quedé bastante asustado por el hecho de posibles "lolitas" que buscaban desesperadamente vampiros que "las convirtieran".
En mi etapa universitaria conocí a personas que habían jugado dos o tres veces en vivo al juego de rol Vampire The Masquerade. Asimismo conozco personas muy aficionadas al tema vampírico pero sin plantearse en modo alguno beber sangre o absorber energía a los "humanos". Desde el punto de vista de los foreros busca vampiros serían sin duda considerados "posers", posturitas.
Susan había trabajado como bailarina exótica y utilizó sus contactos en clubes nocturnos para infiltrarse en la mafia rusa, que obligaba a jóvenes compatriotas a bailar en locales de alterne. A raíz del trabajo periodístico que desarrolló para destapar esta mafia, descubrió la hermética subcultura vampírica y quedó fascinada. Conoció a un hombre que aseguraba ser un vampiro real y se enamoró. El reportaje que escribió fue tan parcial que su periódico se negó a publicarlo. En el verano del 96, dejó a su hijo pequeño en casa, hizo una llamada y desapareció para siempre. ¿La mafia de las bailarinas rusas? ¿Su novio vampiro? ¿Desaparición voluntaria? ¿Abandonando a su hijo? El enigma persiste a día de hoy, sin respuesta.
La historia de Susan Walsh me viene a la mente como una fotonovela, en papel, de esas con imágenes de actores reales en blanco y negro; con formato comic y bocadillos de texto.
Hilo de Reddit sobre el caso
Vampirismo psiquico
Muchos parroquianos de estos clubes afirman ser vampiros psíquicos o energéticos. Para conocer este fenómeno, contamos con la colaboración de nuestra experta en criminología Sandra Sáez.
Los muertos cabalgan deprisa.
Tan deprisa que el amanecer nunca los alcanza. A lomos de la noche eterna, han susurrado a reyes, cruzado guerras y mudado de piel en cada era, hasta llegar a nuestros días.
Vestidos de traje, con vaqueros o en bañador, han aprendido a mimetizarse para sobrevivir. Han cambiado la tumba por áticos minimalistas, criptas digitales y perfiles meticulosamente depurados en redes sociales.
Han dejado la sangre, adaptándose a los tiempos. Ya no necesitan colmillos, sino presencia. Se alimentan de energía emocional, del agotamiento que dejan tras una conversación, del deseo que nunca se sacia, del vínculo que drena la energía vital. Son los “vampiros energéticos”.
Dion Fortune, en su obra Psychic Self-Defense (1930), profundizó en la idea de que ciertas personas pueden interferir y drenar la energía vital de otras. Sin embargo, el término "vampiro energético" no fue acuñado hasta décadas más tarde, cuando esta noción comenzó a popularizarse dentro de círculos esotéricos y culturales.
Pero ¿qué es un vampiro energético?
El llamado vampiro energético no siempre es un ser extraño o maligno, sino muchas veces una persona común, incluso cercana, que actúa —consciente o inconscientemente— drenando la vitalidad de quienes la rodean. La clave está en las huellas que dejan tras su paso: cansancio sin explicación, cambios de ánimo repentinos, opresión en el pecho o sueños inquietantes. Estos indicios, presentes tanto en relatos antiguos como en testimonios actuales, nos invitan a pensar que la experiencia humana siempre ha estado entrelazada con la percepción de fuerzas invisibles.
La diferencia es que hoy contamos con un lenguaje más cercano para comprenderlo. Lo que antes se ocultaba a través de fábulas y leyendas, hoy lo comprendemos como energía. Y aunque los nombres cambien, la moraleja sigue siendo la misma: es necesario despertar la conciencia para no permitir que otros beban de nuestra luz interior.
Dejando las estacas a un lado, protegerse de estos ataques no significa levantar muros de miedo, sino aprender a reconocer las señales, establecer límites y fortalecer la propia energía a través de prácticas que nos devuelvan al equilibrio: meditación, conexión con la naturaleza o rituales simbólicos que recuerden al inconsciente que somos dueños de nuestro propio poder.
En última instancia, los vampiros energéticos no son solo amenazas externas, sino también espejos que nos muestran dónde entregamos más de lo que deberíamos. Al identificarlos, dejamos de ser víctimas y nos convertimos en guardianes de nuestro poder, aprendiendo a caminar con mayor claridad en un mundo donde lo visible y lo invisible conviven a cada instante.
Protégete, reconoce las señales y mantén tu energía a salvo, porque los muertos cabalgan deprisa, tan deprisa que aquellos que bajan la guardia pueden quedar atrapados en su galope silencioso.

Comentarios
Publicar un comentario